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Recientes programas urbanos como las confiterías y los cines consolidaban nuevos barrios o zonas de Asunción en el escenario asunceno; también ocurría alguna ciudadanía expresada en código del mercado.

Prestar atención a las imágenes que Henning nos hereda de un aspecto pasado de nuestra ciudad; es también comprender la importancia de otros gestos: el hábito de la contemplación; tomar cuenta del acontecer de nuestro tiempo constituye una manera de compromiso del ciudadano para con su paisaje y su historia. Sostener la mirada ante la configuración de relatos de alguna memoria, narraciones de la ciudad de una generación precedente, es una condición de sospechar otras imágenes de una Asunción anterior a la actual y posterior a aquella ilustrada en la mayoría de los libros de nuestra historia oficial. Estas figuras, que fulguran desde un rincón oscurecido del pasado, consiguen conspirar una memoria establecida.

Este flauner, espectador de varias y diversas escenas de un mismo proceso: la urbanidad en Asunción, no sólo registró imágenes en «momentos precisos»; también elaboró estampas que combinaban con lo que el régimen de turno consideraba adecuado para representar una determinada identidad nacional. Henning es conocido por la sistemática edición de postales que ponían en circulación paisajes correspondientes a códigos establecidos para lo acordado entonces como «turístico».

Paralelamente, su atención es atraída por el guiño de sucesos esquivos al modelo pretendido por el régimen. La dualidad del trabajo desarrollado por Henning, complejiza su testimonio más de lo que cualquier material de la época pueda contener. Ofrece, al lado de imágenes instauradas casi como símbolos, ligeras apariencias de sucesos cotidianos, el ideal y la situación.

La pretensión de valorar estas fotografías no es la de conseguir una historia doctrinaria, convertirse en «el documento» que ilustre su época; el deseo se inscribe más bien entre todo aquello que en La Historia ponen en cuestión la unicidad del acontecer de un tiempo; hacer aparecer también este aspecto de Asunción coqueteando con formas de «la ciudad», enriquecer aquella idea que tenemos sobre Asunción de esos años, habilitar más un sentido, más una apariencia a la idea que configura nuestro imaginario sobre Asunción.

Colaborar en la construcción de una historia de imágenes nuestras, soñar con el montaje de un archivo fotográfico en Paraguay.
Colocar estas imágenes en nuestra memoria para, desde ellas, practicar el ejercicio de reelaborar continuamente cualquier narración que ambicione erigirse como verdad única, tendiendo a un diálogo cuestionador entre una memoria dada y los recuerdos que la conforman.

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