Informe de la GTZ sugiere acompañarlo de un plan de desarrollo sostenible
Aunque él no lo sepa, Michael Altschul es el “turista residencial” ejemplar. Como otros antes que él, su reciente retiro en Nicaragua significó construir una casa en un desarrollo de lujo. Pero lejos de aislarse dentro de los confines privados de Gran Pacífica, con sus campos de golf, hotel, restaurantes, piscinas y otros servicios de varias estrellas, Altschul se ha dado a la tarea de mejorar la calidad de vida de los habitantes de Villa del Carmen, el pequeño asentamiento rural que le rodea.
Una de las primeras visitas que recibirá en la amplia villa de dos pisos que inauguró el 31 de agosto es la de los Surfers for Service, o surfistas al servicio, mujeres y hombres profesionales —médicos, ingenieros, dentistas— que dedican una época del año a trabajar en obras humanitarias alrededor del mundo. En los próximos meses, llegarán los primeros grupos, costeándose enteramente sus gastos, para trabajar por períodos de hasta dos semanas en Nicaragua. Su misión es limpiar pozos de agua y construir filtros de purificación para Villa del Carmen, reconstruir escuelas, dar consultas médicas en clínicas y medir la visión a niños con problemas.
“Desde que invertí, le he dado vueltas a muchas ideas para hacer algo por la gente de aquí,” dice Altschul, un surfeador de 61 años que practica como cuando crecía en California. Saliendo del agua con su tabla en San Clemente, Altschul conoció el año pasado a Dinh Nguyen, uno de los coordinadores de los surfeadores voluntarios.
“Cuando me contó lo que hacían y yo (le conté) sobre Nicaragua, inmediatamente aceptó venir, y le hice ajustes a todo el primer piso de mi casa para albergar a tanta gente.”